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La Coctelera

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EL DOCUMENTAL CINEMATOGRÁFICO Y TELEVISIVO

Por lo común, la práctica documental en cine y televisión es definida de acuerdo con una serie de convenciones, entre las cuales destacan la ausencia de un argumento predeterminado y el menor control del realizador sobre las imágenes que rueda. Sin embargo, esa definición general adquiere un carácter engañoso, pues, como indica Bill Nichols, esta forma cinematográfica "hace claras reivindicaciones acerca de su relación con el mundo histórico pero no puede separarse limpiamente de las estrategias de la narrativa o la fascinación de la ficción". Así, pues, aunque un documental pretende reflejar realidades objetivas, nunca desdeña esa línea narrativa que sirve para encauzar su discurso y aproximarlo a los espectadores. De hecho, ésa es la función que cumplen tanto el montaje como la locución, los efectos y la música que conforman la banda sonora.
En el documental televisivo y cinematográfico se advierten dos corrientes básicas: una expositiva, caracterizada por el hecho de que el equipo realizador no aparece ante la cámara; y otra interactiva o participativa, donde los autores acaban siendo testigos y protagonistas de los hechos filmados. Un ejemplo de esta última estrategia lo plantean Félix Rodríguez de la Fuente y Jacques-Yves Cousteau, actores de su propia obra documental, cuya directa participación en ésta los convierte en ejes del relato fílmico.
Una segunda diferencia estriba en el punto de vista del realizador, pues cabe plantear una oferta documental a partir de la observación imparcial de un fenómeno, pero también es posible alterar el proceso para aproximarlo a fines dramáticos sin romper el patrón de verosimilitud. Tal es el caso de aquellos filmes en los cuales aparecen animales entrenados para reproducir alguna pauta de su comportamiento salvaje. En un sentido más general, cabe decir lo mismo de obras como Tierra sin pan (1933), de Luis Buñuel, o El triunfo de la voluntad (Triumph des Willens, 1934), de Leni Riefenstahl, cuya expresión de cierta realidad queda interferida por el criterio estético e ideológico de sus autores.
Desde un punto de vista histórico, los orígenes del género se sitúan en el cine informativo realizado a comienzos del siglo XX. No obstante, aunque películas como Scott's Antarctic Expedition (1911) asumían las normas del documentalismo, su consideración teórica no se vio reflejada hasta febrero de 1926, cuando John Grierson empleó por vez primera el término documental en la reseña que dedicó a la película Moana (1925), de Robert Joseph Flaherty.
Bibliografía
Estas fuentes proporcionan información adicional sobre Documental.
Autores como Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack, Dziga Vertov, Marc Allégret y el propio Grierson aportaron nuevas posibilidades a la fórmula cuando ésta comenzaba a deslindarse del periodismo cinematográfico. Desde la década de 1930 se generalizó la presencia de unidades de documentalistas patrocinadas por los gobiernos con fines educativos o propagandísticos. Joris Ivens, Jean Renoir y otros cineastas tomaron el género como base para prolongarlo, a través de sus distintos códigos, hacia una personal ética de la mirada. Invocando ese criterio de autenticidad, corrientes como el free cinema inglés, el neorrealismo italiano y el cinéma vérité impulsaron la fusión del hallazgo espontáneo con la secuencia dramatizada. Al introducirse luego en el medio televisivo, el documental fue diversificándose, dando lugar a híbridos como el docudrama, en el cual se reconstruyen acontecimientos reales de la mano de sus auténticos protagonistas.
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2 EL DOCUMENTAL LITERARIO

Toda obra literaria, sea o no de ficción, se imbrica en la continuidad histórica y será considerada por ello un documento de su época. Más allá de este principio, el documental literario se puede ceñir a dos principales características: la presencia de aditamentos documentales que condicionan su mensaje de manera decisiva, o el uso de registros documentales como elemento básico en su elaboración. Es posible englobar en el primer apartado ensayos, memorias, libros periodísticos, biografías y libros de viajes, sobre todo cuando se verifica la presencia de citas a lo largo del texto.

En cuanto a la segunda línea, hay novelas como A sangre fría (1966), de Truman Capote, que recopilan de forma narrativa los datos relevantes de un acontecimiento real. Existe asimismo un tipo de novela hilvanada a partir de testimonios, cuyo valor documental es obvio. Para ilustrar esta categoría, cabe citar obras como Biografía de un cimarrón (1966) y Canción de Rachel (1970), ambas de Miguel Barnet, o el proyecto inacabado Buñuel, novela, que Max Aub quiso realizar a partir de más de cincuenta entrevistas con Buñuel y sus colaboradores y familiares, publicadas póstumamente en el volumen Conversaciones con Luis Buñuel (1985).

Este planteamiento entraña la opción de distorsionar o inventar los documentos, como sucede en Lo demás es silencio (1978), de Augusto Monterroso, biografía ficticia que reúne artículos y testimonios en apariencia reales.

3 EL DOCUMENTAL FOTOGRÁFICO

Desde los albores del daguerrotipo, la impresión de la placa fotosensible ha sido un procedimiento privilegiado para captar la realidad. La doble naturaleza del ejercicio fotográfico, concretado en la reproducción del modelo y la expresión estética del fotógrafo, favorece un modo único de fijar y alterar aquello que se duplica en el soporte. Así, el deseo de obtener documentos gráficos ha propiciado una corriente que arranca en la segunda mitad del siglo XIX y se sitúa entre el fotoperiodismo y la fotografía etnográfica y paisajista. Entre los cultivadores de esta primitiva fotografía documental figuran George Catlin, Timothy O'Sullivan, Hippolyte Bayard, Roger Fenton, Alexander Gardner y Paul-Émile Miot.

Ya en el siglo XX, reporteros gráficos de variado talante estético han mejorado la capacidad documental del medio. Significativos momentos de valor histórico-social fueron reflejados por fotógrafos como Robert Capa, Erich Salomon, Alfred Eisenstaedt, André Kertész, Henri Cartier-Bresson y W. Eugene Smith. Una nueva dimensión de la corriente documentalista fue establecida por autores como Sebastião Salgado y Agustín Víctor Casasola, cuyo testimonio social adquiere una considerable profundidad reflexiva.

En distinto sentido, la fotografía de naturaleza, ayudada por los avances técnicos, se ha beneficiado de los estudios científicos para abordar esta peculiar forma de documentalismo, impulsada de forma decisiva por publicaciones como National Geographic.

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ultima pregunta isaac asimov

LA ULTIMA PREGUNTA - Isaac Asimov

La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21
de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez)
se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco
dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta
manera:

Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de
Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que
pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso -
kilómetros y kilómetros de rostro - de la gigantesca computadora. Al menos
tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmisores que
desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados
por una sola persona.

Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque
nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez
suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y
Lupov atendían al monstruoso gigante sólo en forma ligera y superficial,
pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La
alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus necesidades y
traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y todos los
demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.

Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayec-
torias que permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus,
pero después de eso, los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron
serles de utilidad a las naves. Se necesitaba demasiada energía para los
viajes largos y pese a que la Tierra explotaba su carbón y uranio con
creciente eficacia había una cantidad limitada de ambos.

Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a
preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo
que hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad.

La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente
en todo el planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y
fisionar uranio y toda la Tierra se conectó con una pequeña estación - de
un kilómetro y medio de diámetro - que circundaba el planeta a mitad de
distancia de la Luna,para funcionar con rayos invisibles de energía solar.

Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acon-
tecimiento, y Adell y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración
pública, para refugiarse donde nadie pensaría en buscarlos: en las desier-
tas cámaras subterráneas, donde se veían partes del poderoso cuerpo en-
terrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa, clasificando datos con clicks
satisfechos y perezozos, Multivac también se había ganado sus vacaciones y
los asistentes la respetaban y originalmente no tenían intención de per-
turbarla.

Se habían llevado una botella, y su única preocupación en ese momento
era relajarse y disfrutar de la bebida.

- Es asombroso, cuando uno lo piensa -dijo Adell. En su rostro ancho
se veían huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una
varilla de vidrio, observando el movimiento de los cubos de hielo en su
interior.- Toda la energía que podremos usar de ahora en adelante, gratis.
Suficiente energía, si quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la
Tierra y convertirla en una enorme gota de hierro líquido impuro, y no
echar de menos la energía empleada. Toda la energía que podremos usar por
siempre y siempre y siempre.

Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería
oponerse a lo que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque
había tenido que llevar el hielo y los vasos.

- No para siempre -dijo.
- Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se
apague, Bert.
- Entonces no es para siempre.
- Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil
millones, tal vez. Estás satisfecho?
Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para
asegurarse de que todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de
su bebida.
- Veinte mil millones de años no es "para siempre".
- Bien, pero superará nuestra época, ¿verdad?
- También la superarán el carbón y el uranio.
- De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial in-
dividualmente con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de
Plutón un millón de veces sin que tengamos que preocuparnos por el combus-
tible. No puedes hacer eso con carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si
no me crees.
- No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé.
- Entonces deja de quitarle méritos a lo que Multivac ha hecho por
nosotros -dijo Adell, malhumorado-. Se portó muy bien.
- ¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará
eternamente. Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil
millones de años, pero ... y luego? - Lupov apuntó con un dedo tembloroso
al otro.- Y no me digas que nos conectaremos con otro Sol.
Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los
labios sólo de vez en cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente.
Descansaron.
De pronto Lupov abrió los ojos.
- Piensas que nos conectaremos con otro Sol cuando el nuestro
muera, verdad?
- No estoy pensando nada.
- Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ese es tu
problema. Eres como ese tipo del cuento a quien lo sorprendió un
chaparrón, corrió a refugiarse en un monte y se paró bajo un árbol. No se
preocupaba porque pensaba que cuando un árbol estuviera totalmente mojado,
simplemente iría a guarecerse bajo otro.
- Entiendo -dijo Adell-. No grites. Cuando el Sol muera, las otras
estrellas habrán muerto también.
- Por supuesto -murmuró Lupov-. Todo comenzó con la explosión
cósmica original, fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las
estrellas se extingan. Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, los
gigantes no durarán cien millones de años. El Sol durará veinte mil
millones de años y tal vez las enanas durarán cien mil millones por
mejores que sean. Pero en un trillón de años estaremos a oscuras. La
entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.
- Sé todo lo que hay que saber sobre la entropía -dijo Adell,
tocado en su amor propio.
- ¡Qué vas a saber!
- Sé tanto como tú.
- Entonces sabes que todo se extinguirá algún día.
- Muy bien. ¿Quién dice que no?
- Tú, grandísimo tonto. Dijiste que teníamos toda la energía que
necesitábamos, para siempre. Dijiste "para siempre".
Esa vez le tocó a Adell oponerse.
- Tal vez podamos reconstruir las cosas algún día.
- Nunca.
- ¿Por qué no? Algún día.
- Nunca.
- Pregúntale a Multivac.
- Pregúntale tú a Multivac. Te desafío. Te apuesto cinco dólares a que
no es posible.

Adell estaba lo suficientemente borracho como para intentarlo y lo
suficientemente sobrio como para traducir los símbolos y operaciones
necesarias para formular la pregunta que, en palabras, podría haber co-
rrespondido a esto:
¿Podrá la humanidad algún día, sin el gasto neto de energía, devolver al
Sol toda su juventud aun después que haya muerto de viejo?
O tal vez podría reducirse a una pregunta más simple, como ésta:
¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía
del universo?

Multivac enmudeció. Los lentos resplandores cesaron, los clicks dis-
tantes de los transmisores terminaron.
Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían
contener más el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida
repentinamente. Aparecieron cinco palabras impresas:
DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
- No hay respuesta -murmuró Lupov. Salieron apresuradamente. A la
mañana siguiente, los dos, con dolor de cabeza y la boca pastosa, habían
olvidado el incidente.

Jerrod, Jerrodine y Jerrodette I y II observaban la imagen estrellada
en la pantalla visora mientras completaban el pasaje por el hiperespacio
en un lapso fuera de las dimensiones del tiempo. Inmediatamente, el
uniforme polvo de estrellas dio paso al predominio de un único disco de
mármol, brillante, centrado.

- Es X-23 - dijo Jerrod con confianza. Sus manos delgadas se entrela-
zaron con fuerza detrás de su espalda y los nudillos se pusieron blancos.
Las pequeñas Jerrodettes, niñas ambas, habían experimentado el
pasaje por el hiperespacio por primera vez en su vida. Contuvieron sus
risas y se persiguieron locamente alrededor de la madre, gritando:
- Hemos llegado a X-23 ... hemos llegado a X-23 ... hemos llegado a
X-23 ... hemos llegado ...
- Tranquilas, niñas -dijo rápidamente Jerrodine-. ¿Estás seguro,
Jerrod?
- ¿De qué hay que estar seguro? -preguntó Jerrod, echando una
mirada al tubo de metal justo debajo del techo, que ocupaba toda la lon-
gitud de la habitación y desaparecía a través de la pared en cada extremo.
Tenía la misma longitud que la nave.

Jerrod sabía poquísimo sobre el grueso tubo de metal excepto que se
llamaba Microvac, que uno le hacía preguntas si lo deseaba; que aunque
uno no se las hiciera de todas maneras cumplía con su tarea de conducir la
nave hacia un destino prefijado, de abastecerla de energía desde alguna de
las diversas estaciones de Energía Subgaláctica y de computar las
ecuaciones para los saltos hiperespaciales.

Jerrod y su familia no tenían otra cosa que hacer sino esperar y vivir
en los cómodos sectores residenciales de la nave.

Cierta vez alguien le había dicho a Jerrod, que el "ac" al final de
"Microvac" quería decir "computadora analógica" en inglés antiguo, pero
estaba a punto de olvidar incluso eso.

Los ojos de Jerrodine estaban húmedos cuando miró la pantalla.
- No puedo evitarlo. Me siento extraña al salir de la Tierra.
- ¿Por qué, caramba? -preguntó Jerrod-. No teníamos nada allí. En
X-23 tendremos todo. No estarás sola. No serás una pionera. Ya hay un
millón de personas en ese planeta. Por Dios, nuestros bisnietos tendrán
que buscar nuevos mundos porque llegará el día en que X-23 estará super-
poblado. -Luego agregó, después de una pausa reflexiva:
- Te aseguro que es una suerte que las computadoras hayan desarro-
llado los viajes interestelares, considerando el ritmo al que aumenta la
raza.
- Lo sé, lo sé -respondió Jerrodine con tristeza.
Jerrodette I dijo de inmediato:
- Nuestra Microvac es la mejor Microvac del mundo.
- Eso creo yo también -repuso Jerrod, desordenándole el pelo.

Era realmente una sensación muy agradable tener una Microvac
propia y Jerrod estaba contento de ser parte de su generación y no de
otra. En la juventud de su padre las únicas computadoras eran unas enormes
máquinas que ocupaban un espacio de ciento cincuenta kilómetros cuadrados.
Sólo había una por planeta. Se llamaban ACs Planetarias. Durante mil años
habían crecido constantemente en tamaño y luego, de pronto, llegó el
refinamiento. En lugar de transistores hubo válvulas moleculares, de
manera que hasta la AC Planetaria más grande podía colocarse en una nave
espacial y ocupar sólo la mitad del espacio disponible.

Jerrod se sentía eufórico siempre que pensaba que su propia
Microvac personal era muchísimo más compleja que la antigua y primitiva
Multivac que por primera vez había domado al Sol, y casi tan complicada
como una AC Planetaria de la Tierra (la más grande) que por primera vez
resolvió el problema del viaje interespacial e hizo posibles los viajes a
las estrellas.

- Tantas estrellas, tantos planetas -suspiró Jerrodine, inmersa en sus
propios pensamientos-. Supongo que las familias seguirán emigrando
siempre a nuevos planetas, tal como lo hacemos nosotros ahora.
- No siempre -respondió Jerrod, con una sonrisa-. Todo eso
terminará algún día, pero no antes de que pasen billones de años. Muchos
billones. Hasta las estrellas se extinguen, ¿sabes? Tendrá que aumentar
la entropía.
- Qué es la entropía, papá? -preguntó Jerrodette II con voz aguda.
- Entropía, querida, es sólo una palabra que significa la cantidad de
desgaste del universo. Todo se desgasta, como sabrás, por ejemplo tu
pequeño robot walkie-talkie, recuerdas?
- No puedes ponerle una nueva unidad de energía, como a mi robot?
- Las estrellas son unidades de energía, querida. Una vez que se ex-
tinguen, ya no hay más unidades de energía.
Jerrodette I lanzó un chillido de inmediato.
- No las dejes, papá. No permitas que las estrellas se extingan.
- Mira lo que has hecho -susurró Jerrodine exasperada.
- ¿Cómo podía saber que iba a asustarla? -respondió Jerrod también en
un susurro.
- Pregúntale a la Microvac -gimió Jerrodette I-. Pregúntale cómo vol-
ver a encender las estrellas.
- Vamos -dijo Jerrodine-. Con eso se tranquilizarán. -(Jerrodette II
ya se estaba echando a llorar, también.)
Jerrod se encogió de hombros.
- Ya está bien, queridas. Le preguntaré a Microvac. No se preocupen,
ella nos lo dirá.
Le preguntó a la Microvac, y agregó rápidamente:
- Imprimir la respuesta.
Jerrod retiró la delgada cinta de celufilm y dijo alegremente:
- Miren, la Microvac dice que se ocupará de todo cuando llegue el
momento, y que no se preocupen.
Jerrodine dijo:
- Y ahora, niñas, es hora de acostarse. Pronto estaremos en
nuestro nuevo hogar.
Jerrod leyó las palabras en el celufilm nuevamente antes de
destruirlo:
DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
Se encogió de hombros y miró la pantalla. El X-23 estaba exactamente
delante.

VJ-23X de Lameth miró las negras profundidades del mapa tridimen-
sional en pequeña escala de la Galaxia y dijo:
- No será una ridiculez que nos preocupe tanto la cuestión?
MQ-17J de Nicron sacudió la cabeza.
- Creo que no. Sabes que la Galaxia estará llena en cinco años con el
actual ritmo de expansión.
Los dos parecían jóvenes de poco más de veinte años. Ambos eran al-
tos y de formas esbeltas.
- Sin embargo -dijo VJ-23X- me resisto a presentar un informe
pesimista al Consejo Galáctico.
- Yo no pensaría en presentar ningún otro tipo de informe. Tenemos que
inquietarlos un poco. No hay otro remedio.
VJ-23X suspiró.
- El espacio es infinito. Hay cien billones de galaxias dis-
ponibles.
- Cien billones no es infinito, y cada vez se hace menos infinito.
¡Piénsalo! Hace veinte mil años, la humanidad resolvió por primera vez el
problema de utilizar energía estelar, y algunos siglos después se hicieron
posibles los viajes interestelares. A la humanidad le llevó un millón de
años llenar un pequeño mundo y luego sólo quince mil años llenar el resto
de la Galaxia. Ahora la población se duplica cada diez años ...
VJ-23X lo interrumpió.
- Eso debemos agradecérselo a la inmortalidad.
- Muy bien. La inmortalidad existe y debemos considerarla. Admito que
esta inmortalidad tiene su lado complicado. La Galáctica AC nos ha
solucionado muchos problemas, pero al resolver el problema de evitar la
vejez y la muerte, anuló todas las otras soluciones.
- Sin embargo, no creo que desees abandonar la vida.
- En absoluto -saltó MQ-17J, y luego se suavizó de inmediato-: No
todavía. No soy tan viejo. ¿Cuántos años tienes tú?
- Doscientos veintitrés. ¿Y tú?
- Yo todavía no tengo doscientos. Pero, volvamos a lo que decía. La
población se duplica cada diez años. Una vez que se llene la galaxia,
habremos llenado otra en diez años. Diez años más y habremos llenado dos
más. Otra década, cuatro más. En cien años, habremos llenado mil galaxias;
en mil años, un millón de galaxias. En diez mil años, todo el universo
conocido. Y entonces, ¿qué?
VJ-23X dijo:
- Como problema paralelo está el del transporte. Me pregunto
cuántas unidades de energía solar se necesitarán para trasladar galaxias
de individuos de una galaxia a la siguiente.
- Muy buena observación. La humanidad ya consume dos unidades de
energía solar por año.
- La mayor parte de esta energía se desperdicia. Al fin y al cabo,
nuestra propia galaxia sola gasta mil unidades de energía solar por año, y
nosotros solamente usamos dos de ellas.
- De acuerdo, pero aun con una eficiencia de un cien por ciento, sólo
podemos postergar el final. Nuestras necesidades energéticas crecen en
progresión geométrica, y a un ritmo mayor que nuestra población. Nos
quedaremos sin energía todavía más rápido que sin galaxias. Muy buena
observación. Muy, muy buena observación.
- Simplemente tendremos que construir nuevas estrellas con gas inter-
estelar.
- ¿O con calor disipado? -preguntó MQ-17J, con tono sarcástico.
- Puede haber alguna forma de revertir la entropía. Tenemos que
preguntárselo a Galáctica AC.
VJ-23X no hablaba realmente en serio, pero MQ-17J sacó su contacto AC
del bolsillo y lo colocó sobre la mesa frente a él.
- No me faltan ganas -dijo-. Es algo que la raza humana tendrá que
enfrentar algún día.
Miró sombríamente su pequeño contacto AC. Era un objeto de apenas
cinco centímetros cúbicos, nada en sí mismo, pero estaba conectado a
través del hiperespacio con la gran Galáctica AC que servía a toda la
humanidad y, a su vez era parte integral suya.
MQ-17J hizo una pausa para preguntarse si algún día, en su vida inmor-
tal, llegaría a ver a Galáctica AC. Era un pequeño mundo propio, una
telaraña de rayos de energía que contenía la materia dentro de la cual las
oleadas de submesones ocupaban el lugar de las antiguas y pesadas válvulas
moleculares. Sin embargo, a pesar de esos funcionamientos subetéreos, se
sabía que la Galáctica AC tenía mil diez metros de ancho.
Repentinamente MQ-17J preguntó a su contacto AC:
- ¿Es posible revertir la entropía?
VJ-23X, sobresaltado, dijo de inmediato:
- Ah, mira, realmente yo no quise decir que tenías que preguntar
eso.
- ¿Por qué no?
- Los dos sabemos que la entropía no puede revertirse. No puedes
volver a convertir el humo y las cenizas en un árbol.
- ¿Hay árboles en tu mundo? -preguntó MQ-17J.
El sonido de la Galáctica AC los sobresaltó y les hizo guardar silen-
cio. Se oyó su voz fina y hermosa en el contacto AC en el escritorio.
Dijo:
DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
VJ-23X dijo:
- ¡Ves!
Entonces los dos hombres volvieron a la pregunta del informe que
tenían que hacer para el Consejo Galáctico.

La mente de Zee Prime abarcó la nueva galaxia con un leve interés en
los incontables racimos de estrellas que la poblaban. Nunca había visto
eso antes. ¿Alguna vez las vería todas? Tantas estrellas, cada una con
su carga de humanidad ... una carga que era casi un peso muerto. Cada
vez más, la verdadera esencia del hombre había que encontrarla allá
afuera, en el espacio.

¡En las mentes, no en los cuerpos! Los cuerpos inmortales permanecían
en los planetas, suspendidos sobre los eones. A veces despertaban a una
actividad material pero eso era cada vez más raro. Pocos individuos
nuevos nacían para unirse a la multitud increíblemente poderosa, pero,
¿qué importaba? Había poco lugar en el universo para nuevos individuos.

Zee Prime despertó de su ensoñación al encontrarse con los sutiles
manojos de otra mente.

- Soy Zee Prime. ¿Y tú?
- Soy Dee Sub Wun. ¿Tu galaxia?
- Sólo la llamamos Galaxia. ¿Y tú?
- Llamamos de la misma manera a la nuestra. Todos los hombres
llaman Galaxia a su galaxia, y nada más. ¿Por qué será?
- Porque todas las galaxias son iguales.
- No todas. En una galaxia en particular debe de haberse originado la
raza humana. Eso la hace diferente.
Zee Prime dijo:
- ¿En cuál?
- No sabría decirte. La Universal AC debe de estar enterada.
- ¿Se lo preguntamos? De pronto tengo curiosidad por saberlo.

Las percepciones de Zee Prime se ampliaron hasta que las galaxias mis-
mas se encogieron y se convirtieron en un polvo nuevo, más difuso,
sobre un fondo mucho más grande. Tantos cientos de billones de galaxias,
cada una con sus seres inmortales, todas llevando su carga de inteligen-
cias, con mentes que vagaban libremente por el espacio. Y sin embargo una
de ellas era única entre todas por ser la Galaxia original. Una de ellas
tenía en su pasado vago y distante, un período en que había sido la única
galaxia poblada por el hombre.

Zee Prime se consumía de curiosidad por ver esa galaxia y gritó:
- ¡Universal AC! ¿En qué galaxia se originó el hombre?
La Universal AC oyó, porque en todos los mundos tenía listos sus
receptores, y cada receptor conducía por el hiperespacio a algún punto
desconocido donde la Universal AC se mantenía independiente.
Zee Prime sólo sabía de un hombre cuyos pensamientos habían
penetrado a distancia sensible de la Universal AC, y sólo informó sobre un
globo brillante, de sesenta centímetros de diámetro, difícil de ver.
- ¿Pero cómo puede ser eso toda la Universal AC? -había preguntado
Zee Prime.
- La mayor parte -fue la respuesta- está en el hiperespacio. No puedo
imaginarme en qué forma está allí.

Nadie podía imaginarlo, porque hacía mucho que había pasado el día -y
eso Zee Prime lo sabía- en que algún hombre tuvo parte en construir la
Universal AC. Cada Universal AC diseñaba y construía a su sucesora. Cada
una, durante su existencia de un millón de años o más, acumulaba la
información necesaria como para construir una sucesora mejor, más intrin-
cada, más capaz en la cual dejar sumergido y almacenado su propio acopio
de información e individualidad.

La Universal AC interrumpió los pensamientos erráticos de Zee
Prime, no con palabras, sino con directivas. La mentalidad de Zee Prime
fue dirigida hacia un difuso mar de galaxias donde una en particular se
agrandaba hasta convertirse en estrellas.

Llegó un pensamiento, infinitamente distante, pero infinitamente
claro:
ESTA ES LA GALAXIA ORIGINAL DEL HOMBRE.
Pero era igual, al fin y al cabo, igual que cualquier otra, y Zee
Prime resopló de desilusión.
Dee Sub Wun, cuya mente había acompañado a Zee Prime, dijo de
pronto:
- ¿Y una de estas estrellas es la estrella original del hombre?
La Universal AC respondió:
LA ESTRELLA ORIGINAL DEL HOMBRE SE HA HECHO NOVA. ES UNA ENANA BLANCA.
- ¿Los hombres que la habitaban murieron? -preguntó Zee Prime,
sobresaltado y sin pensar.
La Universal AC respondió:
COMO SUCEDE EN ESTOS CASOS UN NUEVO MUNDO PARA SUS CUERPOS FISICOS FUE
FUE CONSTRUIDO A TIEMPO.
- Sí, por supuesto -dijo Zee Prime, pero aun así lo invadió una
sensación de pérdida. Su mente dejó de centrarse en la galaxia original
del hombre, y le permitió volver y perderse en pequeños puntos nebulosos.
No quería volver a verla.
Dee Sub Wun dijo:
- ¿Qué sucede?
- Las estrellas están muriendo. La estrella original ha muerto.
- Todas deben morir. ¿Por qué no?
- Pero cuando toda la energía se haya agotado, nuestros cuerpos final-
mente morirán, y tú y yo con ellos.
- Llevará billones de años.
- No quiero que suceda, ni siquiera dentro de billones de años.
¡Universal AC! ¿Cómo puede evitarse que las estrellas mueran?
Dee Sub Wun dijo, divertido:
- ¿Estás preguntando cómo podría revertirse la dirección de la
entropía.
Y la Universal AC respondió:
TODAVIA HAY DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
Los pensamientos de Zee Prime volaron a su propia galaxia. Dejó de
pensar en Dee Sub Wun, cuyo cuerpo podría estar esperando en una galaxia a
un trillón de años luz de distancia, o en la estrella siguiente a la de
Zee Prime. No importaba.
Con aire desdichado, Zee Prime comenzó a recoger hidrógeno interes-
telar con el cual construir una pequeña estrella propia. Si las estre-
llas debían morir alguna vez, al menos podrían construirse algunas.

El Hombre, mentalmente, era uno solo, y estaba conformado por un
trillón de trillones de cuerpos sin edad, cada uno en su lugar, cada uno
descansando, tranquilo e incorruptible, cada uno cuidado por autómatas
perfectos, igualmente incorruptibles, mientras las mentes de todos los
cuerpos se fusionaban libremente entre sí, sin distinción.
El Hombre dijo:
- El Universo está muriendo.
El Hombre miró a su alrededor a las galaxias cada vez más oscuras. Las
estrellas gigantes, muy gastadoras, se habían ido hace rato, habían
vuelto a lo más oscuro de la oscuridad del pasado distante. Casi todas las
estrellas eran enanas blancas, que finalmente se desvanecían.
Se habían creado nuevas estrellas con el polvo que había entre ellas,
algunas por procesos naturales, otras por el Hombre mismo, y también se
estaban apagando. Las enanas blancas aún podían chocar entre ellas, y
de las poderosas fuerzas así liberadas se construirían nuevas estrellas,
pero una sola estrella por cada mil estrellas enanas blancas destruidas,
y también éstas llegarían a su fin:
El Hombre dijo:
- Cuidadosamente administrada y bajo la dirección de la Cósmica AC,
la energía que todavía queda en todo el universo, puede durar billones de
años. Pero aun así eventualmente todo llegará a su fin. Por mejor que se
la administre, por más que se la racione, la energía gastada desaparece y
no puede ser repuesta. La entropía aumenta continuamente.
El Hombre dijo:
- ¿Es posible revertir la entropía? Preguntémosle a la Cósmica AC.
La AC los rodeó pero no en el espacio. Ni un solo fragmento de ella
estaba en el espacio. Estaba en el hiperespacio y hecha de algo que no
era materia ni energía. La pregunta sobre su tamaño y su naturaleza ya no
tenía un sentido comprensible para el Hombre.
- Cósmica AC -dijo el Hombre- ¿cómo puede revertirse la entropía?
La Cósmica AC dijo:
LOS DATOS SON TODAVIA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
El Hombre ordenó:
- Recoge datos adicionales.
La Cósmica AC dijo:
LO HARE. HACE CIENTOS DE BILLONES DE AÑOS QUE LO HAGO.
MIS PREDECESORES Y YO HEMOS ESCUCHADO MUCHAS VECES ESTA PREGUNTA.
TODOS LOS DATOS QUE TENGO SIGUEN SIENDO INSUFICIENTES.
- ¿Llegará el momento -preguntó el Hombre- en que los datos sean
suficientes o el problema es insoluble en todas las circunstancias
concebibles?
La Cósmica AC dijo:
NINGUN PROBLEMA ES INSOLUBLE EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS CONCEBIBLES.
El Hombre preguntó:
- ¿Cuándo tendrás suficientes datos para responder a la pregunta?
La Cósmica AC respondió:
LOS DATOS SON TODAVIA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
- ¿Seguirás trabajando en esto? -preguntó el Hombre.
La Cósmica AC respondió:
SI.
El Hombre dijo:
- Esperaremos.
Las estrellas y las galaxias murieron y se convirtieron en polvo, y
el espacio se volvió negro después de tres trillones de años de desgaste.
Uno por uno, el Hombre se fusionó con la AC, cada cuerpo físico perdió
su identidad mental en forma tal que no era una pérdida sino una ganancia.
La última mente del Hombre hizo una pausa antes de la fusión, con-
templando un espacio que sólo incluía la borra de la última estrella os-
cura y nada aparte de esa materia increíblemente delgada, agitada al azar
por los restos de un calor que se gastaba, asintóticamente, hasta
llegar al cero absoluto.
El Hombre dijo:
- AC, ¿es éste el final? ¿Este caos no puede ser revertido al universo
una vez más? ¿Esto no puede hacerse?
AC respondió:
LOS DATOS SON TODAVIA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
La última mente del Hombre se fusionó y sólo AC existió en el
hiperespacio.

La materia y la energía se agotaron y con ellas el espacio y el
tiempo. Hasta AC existía solamente para la última pregunta que nunca había
sido respondida desde la época en que dos técnicos en computación medio
alcoholizados, tres trillones de años antes, formularon la pregunta en la
computadora que era para AC mucho menos de lo que para un hombre el
Hombre.
Todas las otras preguntas habían sido contestadas, y hasta que esa
última pregunta fuera respondida también, AC no podría liberar su concien-
cia.
Todos los datos recogidos habían llegado al fin. No quedaba nada
para recoger.
Pero toda la información reunida todavía tenía que ser completamente
correlacionada y unida en todas sus posibles relaciones.
Se dedicó un intervalo sin tiempo a hacer esto.
Y sucedió que AC aprendió cómo revertir la dirección de la entropía.
Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar la respuesta a la
última pregunta. No había materia. La respuesta -por demostración- se
ocuparía de eso también.
Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma de
hacerlo. Cuidadosamente, AC organizó el programa.
La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un
Universo y pensó en lo que en ese momento era el Caos. Debía hacerse paso
a paso.
Y AC dijo:

¡HAGASE LA LUZ!

Y la luz se hizo ...

cuento

leanlo
SERÁ DESPUES

Por Jorge Enrique Peredo

El cielo revuelto, era una pintura impresionista, densas espirales de azules y púrpuras se entremezclaban dando vueltas en las
Alturas, y las nubes grises estallaban en jirones esporádicamente, bajo la furia de los relámpagos. Era noche de tormenta, pero
sin agua, la lluvia era de cenizas y sangre. A los truenos se sumaban aullidos de furia, y el entrechocar del acero.

A orillas del gran foso de lava luchaban el caballero y el ogro, encadenada al obelisco estaba la doncella. Gritando
dolorosamente. Sus mejillas empapadas de lágrimas y sangre. Alrededor de ellos, esparcidos por muchas millas, los cadáveres
de los soldados de su majestad.

Un hachazo del ogro Maak , hizo volar por los aires el Yelmo del paladín. La filosisima hoja alcanzo a rozar su cuello y unas
gotas rojas brotaron, se tambaleo por un instante dando la espalda al atacante. Maak no lo dudo ni un momento, levanto el
arma por sobre su cabeza, listo para asestar un golpe traicionero. Sus malévolos rasgos se torcieron para formar una sonrisa, 4
hileras de dientes puntiagudos brillaron entre sus gruesos labios. El caballero percibió el movimiento detrás de el. Todo en
cámara lenta como si en esa milésima de segundo tuvieran cabida todos los eones. En un charco de algo innombrable pudo ver
su reflejo, sus ojos enrojecidos, derrotados y de pronto en ellos brillo el fuego. El hacha zumbo por sobre su testa, tres negros
cabellos flotaron en el viento. El ogro se paralizo y se rasco la sien con el hacha.

-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh- Sonó el grito, como si las gargantas de todas las huestes se sumaran en una sola voz. Un chorro
de algo verde salio de la espalda de Maak, luego el metal azul. Los 20 ojos del monstruo dieron vueltas hasta fijarse sobre un
punto borroso, a sus pies. Un hombrecito empuñando una espada de plata, bañándose en sus propias vísceras. Se fue de
bruces cayendo sobre el héroe.

El bulto gris permaneció inmóvil durante algunos segundos, hasta que de entre los pliegues de piel inerte repto una mano
enguantada en plata, a esta le siguió el brazo y poco a poco surgió de entre la carroña el caballero, bufando, casi llorando. Se
puso de pie, cojeando se dirigió hacia su princesa.

En los hermosos pero maltratados rasgos de la damisela casi podía vislumbrarse un esfuerzo por sonreír, las lágrimas seguían
fluyendo. El caballero dio algunos lastimeros pasos, la cabeza gacha, su cabello chorreando. Se detuvo en vilo justo frente a
ella, elevo la espalda y de un certero mandoble quebró las cadenas que la retenían, dejo caer el arma y la sujeto en sus brazos
antes de que se derrumbara.

-Te amo…-Dijo el.

-Ni siquiera la maldad mas absoluto puede separarnos.-Fue la torturada contestación.-Y murió.

El caballero estaba en cuclillas sosteniendo entre sus manos la cabeza de su amada, sin dejar de acariciar sus cabellos,
maldiciendo a todas las deidades. Sus labios se posaron suavemente en aquella tersa mejilla, y expiro. Así el asesino de niños
llego a su fin llevándose entre sus garras a las más hermosas criaturas de la creación.

Adalberto Meza despertó súbitamente, con algunas imágenes frescas de espadas y castillos, el teléfono sonaba
estridentemente.

-Ya voy, ya voy chingada madre.-Rumio mientras se ponía de pie. Se calzo las pantuflas y cruzo el pasillo. Su panza cervecera
rebotaba con cada paso, levanto el auricular enfurruñado.

-Que?!

-Adalberto…-Era la voz de una mujer, quebrada. Ahogada por el llanto. Aguda y carraspeante.-Lucita, mi hija ha
desaparecido…-El hombre reconoció de inmediato la voz de su vieja amiga Queta, y una garra de hielo le oprimió el corazón.
Se olvido por completo de que estaba adormilado y todos sus sentidos detectivescos se afilaron.

-Calma, dime que paso…-La mujer dejo de hablar por unos segundos, Adalberto frunció el ceño al escuchar el sorber de
mocos.

-Esta…Esta noche, ella estaba aquí…Veíamos las telenovelas, bien a gusto…Se fue a dormir y beso mi mejilla…-Se detuvo,
interrumpida seguramente por un nuevo ataque de llanto.

-Vamos mujer dime que sucedió…

-Escuche un ruido que me saco del sueño…Terrible…Corrí apresuradamente a la habitación de mijita…Y ya no…Ya no…Ya
no esta! Vidrios y sangre! Su voz…La escuche, un grito lejano, desesperado…

-Hace cuanto sucedió esto?! Dime! De prisa!

-Hace solo unas horas…

El tintineo de las cadenas, era omnipotente en la oscuridad del sótano. Las cadenas y dos respiraciones, una pesada y maligna,
la otra frágil, desesperada. Una rata chillo cuando una pesada bota le piso la cola.

Algunos cabos de vela brindaban una malsana iluminación, las paredes estaban tapizadas de recortes de periódicos y
fotografías. “El Ogro ataca de nuevo” Se leía en un encabezado. “Cadáver de pequeña degollada fue descubierto” Rezaba
otro. “La cabeza ha sido encontrada” y

Asi…Las fotos eran un testimonio aun más crudo de estos horrores.

El Ogro se paseaba desnudo entre los cadáveres colgados de sus victimas, palmeándolos de vez en cuando y riendo
divertidamente. En su mano izquierda empuñaba un desarmador, lo aventó y lo sujeto con la otra. Lucita estaba en una vieja
silla, atada con alambre de púas, con cinta aislante sobre su boca, sus cejas torcidas de angustia y sus ojos brillando de miedo,
mas y mas abiertos con cada paso del Ogro. Incapaz de razonar correctamente había intentado soltarse las muñecas mediante
la fuerza, sangraba profusamente.

El ogro se detuvo frente a ella en toda su corpulencia, su colgante panza estaba manchada de rojo, un atisbo de su boca
chorreante…Lucita apretó los parpados, una bofetada le hizo ver.

-Mírame cuando te hablo putita…-Con dulzura-Se puso en cuclillas y apoyo las manos en sus rodillitas.-Las niñas
maleducadas no se van al cielo…Si sabes lo que es el cielo, verdad pequeña?...Contesta cerda!-La golpeo con el puño. La
niña intentando chillar asintió con un gesto, estaba amordazada-Así esta mejor bonita…Las personas buenas cuando mueren
van al cielo con diosito…Pero yo no se si tu puedas ir… Cuando te clave esto en el cuello…-Jugueteando con el desarmador
frente a la atormentada mirada.

-No te preocupes la encontrare…-Dijo con toda seguridad Adalberto.-La respiración de la mujer al otro lado de la línea
pareció tranquilizarse.

-Gracias-Y colgó.

Adalberto corrió hacia su habitación, se puso unos pantalones viejos y una camisa blanca raída, se olvido de los calcetines y
metió los pies toscamente en los zapatos, en el camino hacia la puerta se puso una gabardina negra y sobre su cabeza un
sombrero de ala ancha. Antes de salir se detuvo frente a uno de sus cuadros, heredado de generación en generación; un
apuesto guerrero luchaba contra pavorosas criaturas en un paisaje urbano medieval.

-Ni lo pienses…-Se dijo así mismo.

Afuera llovía torrencialmente, las obesas nubes detenían a la luz nocturna. Adalberto miro hacia arriba y refunfuño, dio largos
pasos hasta llegar a su auto, un vocho destartalado. Abrió la portezuela y se metió a los trompicones, su respiración era una
onda blanca y helada. Refunfuño una vez más y arranco.

-Al Barrio de San Luz…-Si lo pensó y lo hizo, obedeciendo a sus instintos detectivescos.

La punta de metal presionaba contra la yugular de la pequeña de 12 años, la boca del ogro estaba muy cerca de su cara y el
aliento fétido calentaba su mejilla, se metía en su nariz y ardía en su sistema respiratorio. Así habían estado durante largos
minutos, el instrumento girando y girando levemente sin llegar a perforar la piel. Lucita apretó sus parpados con fuerza durante
un segundo y sus pupilas regresaron con una luz de esperanza. El ogro lo noto y su sucia sonrisa se desvaneció.

Arranco con furia la mordaza que había puesto a la niña.

-Dime que tramas, ranita sucia? Vamos dile al tío Badayo, lo que hay en tu cabeza…

-Tu no eres mi tío…Adalberto lo es. El vendrá a salvarme…

-Adalberto?-Soltó un par de carcajadas.-Crees que el ciclo puede ser interrumpido? Siempre será la muerte muñequita fea y
esta vez…Nadie me detendrá…Yo, su sirviente continuare esparciendo la plaga Y todos los tiernos retoños del señor serán
tronchados por mis manos, la dulce sangre nunca dejara de alimentarme.

Lucita no escuchaba, intentaba llenar su mente con cosas más bellas, repasaba una y otra vez el cuento del tío Berto, el de la
atormentada princesa y el apuesto caballero que la salvaba.

-Eso crees? Eso te dijo….No…Estas muuuy mal…-Su garganta emitió un gorjeo, su cuello se tenso y su boca disparo, la
flema callo sobre la mejilla de la niña.

- Flemas es lo que merecen los sueños. Tu sobre todas las cosas deberías de saberlo. Tu vida se ha vuelto muy corta, no hay
lugar para ellos…Y sabes? Aun así, haré todo lo posible para que no se hagan realidad…- Se alejo, sumergiéndose en las
sombras, el eco lo siguió como una cola. Lucita logro escuchar unas palabras difusas provenientes del fondo de la habitación.

-…Viene hacia acá.

-Ordene…

-…Vivo…Pueden mayugarlo un poco…

Las huestes del ogro estaban listas para el ataque.

Los faros del auto proyectaban un río de luz distorsionada sobre el asfalto mojado. Era difícil ver nada, con cada metro las
calles se volvían mas torcidas y las sombras de los edificios se iban cerrando amenazadoramente. La electricidad que
Adalberto había empezado a sentir en su espina, era ahora una corriente de miles de voltios. Abrió la guantera, tanteo con su
mano el interior; metal, no, no buscaba la pistola…Un envoltorio de papel, si, eso era. Tomo un cigarrillo y se lo puso entre
los labios, no lo encendió porque estaba bastante enfermo del corazón y fumar le hacia daño , aun así necesitaba relajarse,
mantener sus sentidos alerta, así lo lograba. Siguió manejando, ya no podía ver nada, todo era la misma pasta negra.

Una fuerza invisible impacto el automóvil, la cabeza de Adalberto latigueo estrellándose contra el volante, un hilillo rojo empezó
a fluir, la lluvia de cristales cayo sobre el. El vehículo se detuvo en seco. Humo, chispas, calor. Callejón sin salida. Adalberto
reacciono de inmediato, se despabilo y se presiono la herida con un jirón de su gabardina, en ese momento el rugido corto el
silencio. El susurro de una bestia proveniente de todas direcciones, resplandores rojos y azules iluminaron la escena; era un
callejón sin salida. Las motocicletas habían aparecido de la nada. Sus jinetes, encorvadas imitaciones de hombres, embutidos
en cuero negro clamaban la sangre. La mano derecha de Adalberto se arrastro temblorosa, hasta encontrar la guantera, tomo
la pistola. Con la mano libre intento abrir la portezuela, estaba atorada. La primera bala rozo su oreja, estrellándose en el
asiento, el relleno voló por los aires haciendo piruetas. Desesperado dio una patada al azar sintiendo el roce de las balas en
cada palmo de su piel, la portezuela salio volando. Repto para escapar, disparando sin control, dio un giro en el asfalto
deslizándose por debajo del auto y se coloco en el lado opuesto, utilizándolo como trinchera. La banda sonora era la del
plomo. “Ping! Ping!” Sonaban las balas contra el metal. El detective dejo de atacar, bajo la cabeza y la mantuvo escudada, la
agresión no se detuvo. Era incapaz de ver, mas todos sus sentidos eran muy agudos. Su oído siguió la trayectoria de cada uno
de los disparos, de cada paso. Se puso de pie de un salto y jalo el gatillo 4 veces en un mili segundo. El cráneo de uno de los
atacantes reventó, el pecho de otro comenzó a sangrar, de otra cabeza salio volando un ojo, y un cuello lanzaba chorros
espesos, los 4 bailaron la misma danza, al mismo ritmo y cayeron juntos. Ahora solo había dos de ellos, cruzaron miradas y
dispararon nada, se habían quedado sin municiones. No importo, tiraron las pistolas y tomaron un par de escopetas de alto
calibre que llevaban en las motos-Ya no querían simplemente dañarlo sino dejarlo sin piernas, sin brazos, con los intestinos
arrastrando y aun vivo- Lo que quedaba del carro se desmorono bajo los poderosos impactos, las llamas anaranjadas
enfurecieron, un perro chillo dolorosamente, mas de Adalberto nada. Después de unos minutos de furiosa metralla, los
secuaces ya cansados, abandonaron. Con pasos confiados, se dirigieron al armazón flameante.

-Si esta muerto? El amo nos destripara…

-Si es así…Mejor nos suicidamos. La neta no hay bronca, ese porquería ya pago por nuestros herma…

-Mejor pagame con tu hermana pendejo.-Dijo una voz a sus espaldas. Su boca se partió en dos, los dientes volaron en todas
trayectorias, los ojos en blanco, los rasgos congelados en el dolor. El otro empapado por su hermano, se dio la vuelta aullando
para toparse con el cañón de un arma entre sus cejas, y la mirada intranquila de Adalberto.

-Yo no perdono…

-En el calor del infierno...-La vida del esbirro…-Espera-…Fue cortada.

Las palabras y las imágenes se arremolinaron en la conciencia de Adalberto, dándole la nueva pista.-Calor, Acero, Fosos, El
infierno, Fuego.

-La vieja fundidora…-Murmuro.-Se dirigió con pasos cansados hacia una de las motocicletas.-Ya no estoy para estas
cosas.-Farfullo-Encendió el vehículo, arrancando raudamente.

Los engranes rechinaron mientras la niña se alejaba del suelo, la cadena oscilo de un lado hacia el otro. Los deditos de sus pies
se movían desesperados en búsqueda de algo firme. Ardientes chispas empezaron a tocar su piel, mientras la grúa la
balanceaba sobre el acero fundido. El Ogro manejando las palancas del mecanismo lucia muy divertido como si estuviera
jugando con una maquinita de pinball. Finalmente detuvo el descenso dejándola suspendida a unos cuantos metros.

-Como te sientes linda? Que tal el calorcito?-Se mofo..-Como eres mala, te ahorrare el largo viaje al infierno…

Lucita intento no mirar. Sus pies empezaron a arderle, así que finalmente volteo hacia abajo. En sus pies surgían ampollas que
reventaban y volvían a salir, una tras otra, el dolor subio por sus nervios como un enjambre de hormigas carnívoras.

-Ambos…Si los dos, por fin sumergidos en la muerte eterna y a mis pies…La esencia de la vida se doblara ante mi, y el
universo será testigo de cómo el amor se inclina ante la muerte…El amor desaparecerá, y yo perpetuare…

La luz que se filtraba por el ventanal se veía sucia, distorsionada y de pronto fue clara, la marejada de cristal reventó contra el
suelo, una sombra en movimiento se proyecto sobre el Ogro.

La moto aterrizo con un chirrido. Una silueta humana salto y de su mano surgieron balas, manchas rojas crecieron y
desaparecieron en el aire. El ogro se tambaleo, Adalberto soltando el arma se acerco seguro, soltó un poderoso golpe y le
volteo la cara.

-Ah estas aquí…-Gorgoteo el ogro entre la sangre que salía de su boca.-Detente, es tiempo del acero…Adalberto detuvo sus
golpes, de pronto todo estuvo claro…

-Amor mío-Surgió una nueva voz de la garganta de Lucita.-Matalo.-Un grito-Hazlo pagar!-Y toda la furia reencarnada de la
princesa, salio a la luz.

El caballero abandono en ese instante su carne vieja y cansada, y lo que había estado dormido se convirtió en renovado
poder.

-Olvídalo…-Adalberto asesto un poderoso cabezazo en la cara del ogro, partiéndole el puente de la nariz. El Ogro se
tambaleo, llevándose las manos a la cara, un fluido verde resbalo entre sus dedos…

-Que paso con el honor?-Dijo con voz chillona.-Con la nobleza…?

-Son otros tiempos… he aprendido… nuevos trucos…-Su respiración estaba muy acelerada, habían sido demasiadas
emociones para el…Metió la mano en el bolsillo de su pantalón buscando algo, se distrajo. Un puñetazo en el estomago le
saco el aire, el bote de píldoras salio volando y luego tintineo contra el suelo metálico, giro y giro. Adalberto callo de rodillas
tembloroso, tanteando el suelo, buscando su medicina en vano, alejándose, girando. La grúa empezó a chirriar, gritos agudos,
desesperados…A unos centímetros de las llamas. Adalberto tosía, apretaba su pecho, era un espíritu joven y valiente, lo malo
era el cuerpo anciano.

El Ogro, olvidándose de sus heridas, reía a voz en cuello, blandiendo en el aire una gigantesca hacha, cada vez más cerca de su
enemigo. Pequeñas llamas se prendían de las ropas de la princesa. La crispada mano del Caballero se arrastraba en vano. La
sombra de la muerte se proyecto sobre su cuello. Encontró lo que buscaba. El acero corto el aire. La princesa aulló cuando el
calor abrió su piel. Era ya demasiado tarde para medicamentos-Sesos desparramados-Mas no para las balas. Milésimas de
segundo antes de que el filo penetrara el músculo, Adalberto jalo el gatillo y puso su última bala justo entre los ojos del Ogro.

-Rrrrup…-Gorgoteo el Ogro y se fue de espaldas.

- Amado mío…Salvador…- Dijo la princesa, olvidando por un instante del dolor, segura de su rescate. El Caballero se puso
de pie trabajosamente sin dejar de oprimir su corazón, se dirigió al panel de control y detuvo la grúa…

-Es- s -s -stoy muriendooo…

-Te esperan los placeres de la realeza…

-No, es-taremos jun-tos…-Reactivo la maquinaria.

-Que haces…Mi amado? Tío Berto?!-El acero fundido toco sus piernas.-Ya no pudo hablar, su voz se convirtió en un
prolongado alarido que se intensificaba conforme se sumergía. Adalberto intentando no escuchar dio algunos cansinos pasos
hasta llegar a orillas del foso ardiente, del que sobresalían 3 deditos. Una duda comenzó a torturarlo; había segado una vida
inocente? O había salvado su amor? Con esto en mente, salto.

-Será después…

(c) Jorge Enrique Peredo

Desde México

Jorge Enrique Peredo

Nací en La Paz. B.C.S México en diciembre del 82, y por lógica tengo 18 años. Mi primer libro de
ciencia ficción lo leí a los 6 años, era una compilación de Asimov, ya hace mucho de eso, pero las
lecturas que de verdad cambiarían mi vida vinieron luego...

Tenía 8 quizás 9 años y quería leer algo de ¨terror¨, como mi mamá no me quería comprar libros de
Stephen King en esos tiempos me buscó algo según ella ¨más Light¨ ¿y que fue? Narraciones
Extraordinarias de Edgar Allan Poe!, en una edición hermosamente ilustrada.

Desde entonces todo fue diferente, y me dedicaba a escribir cosas perversas, me sentía discípulo de
Poe.
En esa epóca publicaba en un suplemento infantil llamado Diario Arcoiris, del diario 29 de Ensenada
B.C.

No he hecho muchas cosas interesantes a parte de escuchar metal, pistear y leer...Tengo un
reconocimiento por un concurso de cuento de terror llamado el último faro, gané primera mención
honorífica que era el equivalente al segundo lugar, pués solo había un premio.
Ah, hice un pequeño cortometraje estudiantil, ultra camp, ultra basura y surrealista, jeje...Vaya coctel.

Bueno estudió ciencias de la comunicación en la U.A.B.C.S, no trabajo, soltero y enamorado jeje...Que
problemas.

Si quieres comunicarte conmigo, mi mail es moha_me@hotmail.com

escenografia

esto hace parte de la escenografia ke realice

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